Y las margaritas se enternecen…

En Mi planta de naranja lima, del escritor José Mauro de Vasconcelos he encontrado, como lector, una dosis de sensibilidad y de ternura difícil de catalogar. Me he sentido parte de la novela, al lado de Zezé, el muchachito brasileño de cinco años protagonista de esta historia de valor humano incalculable.

El autor se inflama de la magia de un niño que arrebata los corazones con su sabiduría infantil, sus travesuras grandilocuentes y su espíritu soñador. Un drama difícil de sobrellevar, sobre todo en los momentos en que te identificas con él. No en vano sus alegrías son tus alegrías y sus congojas son tus congojas. Te sientes presa de esa atmósfera que te arrastra a vivir en una montaña rusa de sentimientos que te conducen a donde el dolor cobra verdadero protagonismo.

Las lágrimas y las sonrisas asoman a tu rostro en un vaivén incontrolable. El dolor y la alegría se dan la mano en esta historia llena de emoción y de desdicha. Una alternancia que pone a prueba los corazones de las almas que algún día atravesaron, como Zezé, los caminos de la incomprensión y los malos tratos. Un relato sobrecogedor que a nadie deja indiferente.

África Leal.

***

Alguien soñó mis pesadillas carmesí.

Alguien gritó mis lamentos al viento que estrangula.

Alguien desvistió su cuerpo ante la serpiente ponzoñosa.

Alguien arañó su rostro entre las zarzas de cristal.

Alguien ahogó su voz entre las palabras inconexas.

Alguien se está muriendo, mientras sueña que el mundo, ingrato, se arrepienta.

                                                                                                                            África Leal

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Y las margaritas se agazapan…

A veces, cuando estoy triste y asustada e incluso cuando estoy contenta y agradecida, me refugio en mi habitación y, como una niña pequeña, me escondo bajo las sábanas. Siento como mi cuerpo se viste con la ropa que tiene el misterioso poder de relativizar los problemas que atenazan mi alma.

En mi refugio sutil rezo a los Dioses de todos los seres, a los que existen y quizá también a los inventados; allí lloro mis penas, allí alivio mis pesares y también en ocasiones me congratulo con mi buena fortuna.

Un viejo cuadro de Leonardo, que siempre me acompaña, me ayuda tímidamente a hacer las paces con mi madre. Y una camiseta de mi hija enroscada en mi cuello me hace las veces de abrazo.

Verdaderamente soy una persona afortunada por poseer un hogar que me proporciona paz y alegría. Por desgracia no todo el mundo puede decir lo mismo. Así que haré una respiración profunda y comenzaré a caminar porque el futuro, muchas veces, es de los que lo viven con alegría.

***

La niña carmesí es luna hostil,

como los ángeles caídos

sobre un campo de orquídeas rojas.

Duerme errático, capullo de marfil,

vuela frente al horizonte púrpura.

No te desveles en la noche pretérita.

Sueña que las sombras se hacen luz.

Que la lluvia se torna crisálida.

África Leal

 

Y las margaritas hacen balance…

Como ya os he contado, después de una conversación con mi marido y mi hija, siento que los he vuelto a descubrir. En esa conversación hablaron los sentimientos que hasta el momento se hallaban mudos, hundidos en una especie de cárcel en la que la mala suerte los había hospedado.

Esa noche los segundos se congelaron en nuestra casa, nuestros corazones se descubrieron y, de nuevo, los secretos fueron desterrados. Cada uno de nosotros mostró lo que le afligía y descubrió lo que no conocía del otro, Se habló también de lo que debía corregirse en la relación para no caer en errores antiguos que, en vez de beneficiarnos como familia, nos ahogaban llevándonos a la destrucción.

Decidimos escucharnos, querernos y, sobre todo, darnos una nueva oportunidad. Así lo venimos haciendo desde aquel día y creo que, al menos en lo básico, hemos acertado. Desde luego, el esfuerzo valió la pena y nuestro amor por la familia hizo el resto.

En lo que respecta a mi hija, la separación física era inevitable debido a sus estudios, de hecho se tiene que ir a otra comunidad. Los primeros días fueron difíciles, pero espero irme acostumbrando. El hecho de haber hablado con ella y dejar mi alma al descubierto fue básico para ambas. Me he quedado con la sensación de que todo es más transparente entre nosotras y eso ayuda sobremanera. Antes necesitaba imperiosamente el acercamiento físico, los abrazos, los besos, el decirle continuamente cuanto la quería… Ahora ya no sufro de igual manera, pues ya les expliqué lo importantes que eran para mí, tanto ella como su padre.

Ya no siento esa necesidad desquiciante de mimarla. Ahora me siento tranquila y relajada a su lado, igual que al de mi marido. Si tengo algo que objetar lo hablo y entre nosotros intentamos arreglarlo.

Cierto es que la casa está vacía sin nuestra hija, pero me tranquiliza profundamente el saber que, por ahora, está viviendo conforme a sus gustos y a sus principios. Es feliz con lo que hace y eso tiene que servirme de consuelo cuando la echo en falta. Ante todo, la quiero y la respeto por como es y por como piensa. Me siento muy orgullosa de ella y le deseo fortuna en todo lo que se proponga.

Aunque hay cosas en las que todavía disiento y que a veces me hacen dudar, puedo afirmar que también me siento orgullosa de mi marido. Es verdad que no siempre estoy de acuerdo con él y eso a veces me entristece, pero luego él me compensa gratamente y hace que intente comprenderlo y pensar que todos tenemos derecho a disentir y a equivocarnos.

Puedo deciros otra vez, y perdonad la insistencia, que mi familia ha vuelto a nacer. Por eso es imprescindible que la tratemos como un niño en pañales dedicándole atención y mimo. Estoy segura que, con nuestro empeño y asesorados por los profesionales, llegaremos, con fortuna, a buen puerto.

***

Rosas tempranas son sacrificadas

bajo el sol que las alimenta.

Un murmullo frenético de cascadas

enmudecen el bosque de enebros.

Gacelas azules se agazapan entre los árboles

para,luego, saltar impertinentes.

Un lazarillo juega al trompo

a la puerta de una escuela.

La tormenta se estrecha

en el cielo curvilíneo.

Un rayo audaz

le devolvió la mirada al ciego,

que humildemente guiaba

el joven huérfano.

Un pensamiento se quedó cautivo

en el aire.

Nadie lo echó de menos.

África Leal

Y las margaritas sueñan con Zenda

Sinfonía letal

Yacer inerte a la orilla del camino.

Nadie pareció objetar la indiferencia.

Una mariposa hostil grabó sus patas en tus ojos doloridos.

Ya no canta la cigüeña en su flamante nido.

¡Qué no sabrán las vestales cuando bailan cohibidas!

Un hechizo de luna salvó tu playa

del huracán que amenazaba

el fuego que prendiste en la arena

para secuestrar tu miedo.

Un pez saltó en la olla y se ahogó incrédulo.

***

Inocencia letárgica

Una bailarina de marfil

duerme nostálgica

dentro de una caja

de pétalos transparentes.

Un niño triste

pinta cada pétalo

con una lágrima de cartón.

Volutas mágicas mecen

las dos almas vagabundas.

Una vaguedad insípida

entrelaza sus cuerpos maltratados.

Necesito una caja más grande

para enterrar al niño vivo.

Sospecho un atardecer de violetas muertas.

África Leal

Y las margaritas lucharon…

Quizás, todavía no me ha llegado el momento de tomar conciencia de todo lo bueno que poseo. Posiblemente se deba a que hay cosas en mi vida que no me convencen. Aún así, hay algo dentro de mi cabeza que no me deja sucumbir ante los malos momentos, ante las situaciones frustrantes. Así que, ajusto mis pies con decisión en el suelo, y me lanzo al vacío con mis temores, mis desvelos y mis fracasos. Me dirijo firmemente hacia el sol, y me fundo con su luz en un esfuerzo infinito por aclarar todo lo turbio que me rodea. He de confesaros que he tenido un bajón y, que temí perder a mi familia. La verdad es que ya me encuentro muchísimo mejor.

Todo ocurre, a veces, muy de repente. Un día, una terapeuta te enfrenta a un espejo imaginario y hace que veas en él el reflejo de tu vida sin la máscara a la que estabas acostumbrada. Un golpe brutal, pero por fortuna, certero. De tal forma que me hizo reaccionar como una deportista que tiene que conquistar la preciada meta.

Nadie en mi casa era consciente de que la carcoma se había instaurado en el cerne de nuestra relación, sólo mis terapeutas y yo. Por eso me asomé a la pista de salida, agarré a mi hija y a mi marido fuertemente, y sin dejarlos atrás, los arrastré conmigo hacia un nuevo horizonte. Aprendí que con tesón y voluntad se consiguen muchas cosas, incluso franquear puertas que a priori parecen infranqueables. Ahora estoy llena de esperanza, asegurándome de que con el esfuerzo de los tres podremos acariciar el arco iris siempre que lo necesitemos y dar color a nuestras vidas cada vez que un halo de oscuridad pretenda destruirlas. Quizás mis años de experiencia entre psicólogos y psiquiatras, quizás lo que haya podido aprender a lo largo de toda mi vida con mi familia, o las ganas de poseer un futuro mejor, un mundo diferente al de mí infancia, me hayan hecho luchar de nuevo como una leona, tal como ya hice en otras épocas de mi azarosa existencia.

Debido a esta situación dejé un poco de lado el blog, ahora lo estoy retomando otra vez.

Siento que, de nuevo, la vida nos da otra oportunidad. Estoy segura de que sabremos aprovecharla. Por ello, llena de esperanza, y arropada por el destino que me favorece, camino confiada.

***

Yacer inerte a la orilla del camino.

Nadie pareció objetar la indiferencia.

Una mariposa hostil grabó sus patas en tus ojos doloridos.

Ya no canta la cigüeña en su flamante nido.

¡Qué no sabrán las vestales cuando bailan cohibidas!

Un hechizo de luna salvó tu playa

del huracán que amenazaba

el fuego que prendiste en la arena

para secuestrar tu miedo.

Un pez saltó en la olla y se ahogó incrédulo.

África Leal

Y las margaritas susurran al amor…

Siempre he pensado que el amor era la mejor herramienta que tiene el ser humano para conducirse juiciosamente por la vida. Creo que todo lo que se haga por este sentimiento honesto y sincero deja de ser maligno y ruin por definición.

El mestizaje, la comunión con otros pueblos y culturas, con otros sexos y razas, con unas religiones u otras, siempre que esté aderezado con esta valiosa palabra de cuatro sencillas letras es, creo yo, una de las realidades más valiosas con las que me topé en mi vida.

Bien es cierto que a veces se gestionan cosas por amor que llevan a equivocaciones y desengaños. Es normal, pues no todo el mundo valora de la misma manera los sentimientos ni las distintas opciones que nos ofrece la vida.

De todas formas la escucha, la diplomacia, el diálogo, la empatía, y sobre todo el saber ponerse en el lugar del que tienes enfrente ayuda poderosamente.

Debemos aprender a elevarnos por encima de las razones que nos diferencian y congratularnos con las que nos unen. Si consiguiéramos crear un vínculo imperecedero entre todos, no existiría tanta injusticia, tanto estigma, tanta incomprensión. Toleraríamos al de enfrente de la misma manera que lo hacemos con nosotros. También creo que amar, respetar y comprender lo ajeno pasa por amarnos, respetarnos y perdonarnos, primero, a nosotros. Si uno no se siente bien consigo mismo difícilmente lo hará con los demás. En mi caso, como enferma, quiero que me amen y me respeten en la diferencia, que es lo que me propongo hacer yo con mis semejantes todos los días al levantarme.

Básicamente por la enfermedad, aunque  también por la economía, me encuentro limitada para hacer una de las cosas que más me gusta: viajar. Ver y sentir a través de la gente honesta que puebla la tierra me fascina enormemente. Zambullirme en otros paisajes, en otras culturas me subyuga. Por eso escojo lecturas sobre países lejanos; es muy raro que lea sobre la sociedad que tengo más próxima, pues , como siempre, lo diferente me atrae.

En los últimos tiempos me siento triste, profundamente triste, pues, aunque ya de por sí eran realidades duras, en estos momentos lo son más, sobre todo en algunas regiones del mundo. Por mucho que sueñe, para muchos ya nunca habrá finales felices, ni esperanzas literarias. La realidad se ha vuelto demasiado cruel y desdichada y mi corazón llora con ellos. Su guerra es mi guerra, su éxodo es mi éxodo. La no aceptación del resto del mundo de esta realidad tan flagrante me hace sentir sucia y culpable. Sólo me queda la esperanza de que me aparezcan las fuerzas suficientes para enfrentar esta barbarie y ayudar en lo que me sea posible, por lo menos como hice antaño. Deseo que las fuerzas acudan prontas a mí, de lo contrario, nunca me lo podré perdonar. Necesito encontrar el equilibrio, el respeto y la confianza que da el saber que, ante todo, somos hermanos. Ojalá la diferencia no nos separe, que como poco, nos haga curiosos.

***

Dame tu mano amigo

necesito caminar a tu lado.

Sonríeme un poco, suavemente,

y siente la ternura de mi rostro

sobre el tuyo también liviano.

Deja que tu brazo me temple

y desate en mí

los sueños y las esperanzas.

No quiero más sogas

que quebranten y asfixien

mi alma.

Libérame compañero

y arranca mi yugo de espadas.

 

África Leal

Y la manía le susurraba, traicionera, a las margaritas…

Alegría, palabra que suscitas envidias,

esparce tu esencia en el vacío sonoro

y domina el corazón de los hombres

con el color de la esperanza.

Suenas como el violín

en manos del músico callejero,

y como el canto de los pájaros en primavera.

Eres el llanto del niño al nacer

y el abrazo tenue del anciano débil.

Brillas como el color anaranjado del sol al atardecer,

sobre el alma fresca de un loco cuerdo.

No nos abandones color imposible,

ven a nosotros siempre.

África Leal

Hoy las margaritas recuerdan…

Recuerdan con verdadera nostalgia el primer viaje, el iniciático, que realicé con mi marido y mi hija a tierras extremeñas.

Fue un descubrimiento maravilloso para los tres: la gente, el arte, el clima…¡Y que decir de su emblemático Valle!

Cuando llegamos y presencié los primeros cerezos en flor, creí estar volando, haciendo una travesía entre las nubes, dirigiéndome a cualquier lugar que estuviese situado en el edén.

No daba crédito a lo que presenciaban mis ojos dada la magnitud de la belleza que se me mostraba.

Fuimos muy felices allí. Y un día cualquiera, al regresar, una poesía se fue desgranando entre mis dedos. Es mi humilde tributo a esa tierra tan especial.

Siento que no tenga un final feliz. Supongo que la alegría del viaje no consiguió ser, por desgracia, la curación a mis tristezas. Lo que si os aseguro es que consiguió que regresase.

De nuevo, volví a su encuentro y, allí, reposando, me esperaba para otra vez subyugarme.

Siempre volveré a él como un espacio de paz, buscando la belleza y la armonía. Y el Valle enigmático siempre me estará esperando, como la eterna nostalgia…

***

La sierra engalana de nieve

Su cumbre,

Y la deja deslizarse

Ladera abajo

En forma de pequeños

Ovillos de algodón.

El viento los va desmadejando

Suavemente,

Con mucha dulzura,

Hasta tejer

Una hermosa nube

De pétalos blancos.

Dicen que las flores

Del cerezo

No tienen olor.

Mas no creo que eso importe

¿Acaso necesitan algo más

Para ser bellas?.

Cigüeñas que surcáis

El cielo,

Observad como el río se mece,

Zigzagueante,

A lo largo del valle.

Jerte… ¡que hermoso eres!

¿Qué secretos de siglos

Adueñan tus aguas?.

Quiero volar sobre la sierra

Y rozar con mis manos

Sus cumbres.

Quiero bajar al llano,

Para bañarme desnuda

En el agua cristalina

Del río.

Cerrar los ojos,

Y dejar que la corriente

Me arrastre

Hacia el profundo

Y oscuro mar.

 

África Leal

 

 

¿Donde perdieron sus pétalos las margaritas?

Para ti, margarita de los campos, nunca sucumbas a los avatares que la anochecida esconde bajo tu almohada impoluta.

***

Éramos irmáns de bágoas cáusticas

mais tí, teimuda, gardabas aterecida

o segredo que nos unía.

Onte rachou a verdade, e atopeite núa,

pero erguida e forte,

ancorada no mundo que condena a inocencia

e premia a inmundicia.

Acheite erguida como un xasmín locuaz

que pregoa o seu canto

no medio da natureza inmoral.

¿Onde nos atoparemos irmanadas,

cos outros soles aterecidos, loitándo

con forza e con ansia polas bágoas

que os nosos ollos verteron

no espazo que nos reflicte?

Morreu a espranza no esquezo mais eu, pertinaz,

laio para quen queira escoitar

o meu pranto inquisidor

mendigando xustiza

no espazo irreverente.

África Leal