Cuando las margaritas echan de menos los abrazos…

Te mando un abrazo ciclópeo para que te dé fuerzas para seguir adelante. El camino es tortuoso, pero llegarás a buen puerto. No tengo la menor duda. Empieza dando un pequeño paso. Diciendo un primer ‘ no’ . Llénate de fuerza y arranca!!!! Que la meta te espera. No lo olvides nunca. Te doy mi mano y mi fuerza. Vamos!!! Tú puedes!!!!

Mi cuerpo se tambalea como un susurro de gorrión.

Nada me obliga a mantenerme en pie,

pero aún así no deseo caer yerta.

Estoy segura de que el suelo no saldrá a la puerta a recibirme.

Esperaré tranquila a que la primavera haga un lecho mullido.

Luego, me dejaré desvanecer en un “sí, quiero”.

 

África Leal

Cuando las margaritas empiezan a marchitarse

Ya sé que este encierro es duro. Y, muchísimo más, si el dolor te acompaña. Desde mi rincón, decirte que estoy contigo. Que te comprendo. Que, cuando menos te lo esperes, lograrás reunir la fuerza suficiente para cambiar de vida. Sé que es muy duro. Pero, te aseguro, que se sale. Si pones empeño, confías en tus aptitudes, que las tienes, y buscas apoyo profesional, saldrás. Aunque ahora sólo veas un laberinto oscuro, te aseguro, por propia experiencia que, finalmente, la luz te encotrará, si tú no tienes fuerzas para encontrarla a ella. Somos muchas y estamos contigo. A una. Todas de la mano, para irradiarnos fuerza y coraje. Que el miedo no te paralice. Extiende tus alas y vuela. Que la justicia te protege y te acompaña. Y verás como tus hijos, por fin son libres, por primera vez, a tú lado. Ya sé que es muy difícil. Pero, ellos sólo te tienen a ti. Tú eres su pasaporte a la libertad, y el tuyo. Nunca olvides que somos muchas. Y lo vamos a lograr. No te quepa la menor duda. Yo lo hice. Y tú también lo harás. Más pronto o más tarde. Como una corredora de fondo, la meta te espera. Ánimo y adelante. El camino es duro, pero vale la pena. Te lo aseguro. Un abrazo de energía y todo mí cariño.

 

Yaces inerte a la orilla del camino:

nadie parece objetar la indiferencia.

Una mariposa hostil grabó sus patas en tus ojos doloridos.

Ya no canta la cigüeña en su flamante nido.

¡Qué no sabrán las vestales cuando bailan cohibidas!

Un hechizo de luna salvó tu playa

del huracán que amenazaba

el fuego que prendiste en la arena

para secuestrar tu miedo.

Un pez saltó en la olla y se ahogó incrédulo

 

África Leal

Y las margaritas pensaron que el sol vuelve a amanecer cada mañana.

Me gustaría mandaros una poesía de ánimo. Para que la esperanza, que muchos tenemos agazapada en un rincón, siempre regrese al lugar dónde nunca, nunca debió marcharse. Nuestros sueños.

*******

Me desperté sobresaltada.
Un olor acre a humo me asustó.
La noche permanecía callada e intangible.
Tan solo un murmullo en el silencio insondable.
Un crepitar de ramas muertas alteró nuestra rutina nocturna.
Las polillas revoloteaban nerviosas por el cuarto.
Los perros ladraban presagiando peligro.
Salimos al jardín con lo puesto.
El fuego parecía acechar en la penumbra.
Se aproximaba sin pedir permiso.
Apenas pudimos reaccionar con coherencia.
Las llamas rodeaban escandalosas nuestro hogar, amenazaban nuestras vidas y, hacían que la
cordura nos abandonase juiciosa.
Los pájaros y los murciélagos sobrevolaban nuestras cabezas como fantasmas en un
holocausto infernal.
Soltamos a los animales.
Pero… no era suficiente.
Necesitábamos agua… mucha agua.
El pozo estaba seco, el aljibe agostado, una sola manguera, quizás tres cubos y un sólo
barreño.
Todo ocurrió de forma precipitada.
El fuego se avivó más rápido que nuestro pensamiento.
El humo se hizo insoportable.
El calor abrasaba nuestros cuerpos indefensos.
No podíamos respirar.
Nos mirábamos incrédulos.
Íbamos a morir.
Abrasados…
Y entonces…entonces sonó, monótono, el despertador.
Me lancé al vacío como un relámpago airado.
Mi compañero dormía complacido.
Era de día.
No había humo.
Ni fuego.
Brillaba, discretamente, el sol.

África Leal

Cuando las margaritas pliegan sus pétalos.

Hola de nuevo!

Esta situación que estamos sufriendo me ha hecho darme cuenta de lo insignificantes que somos y, al mismo tiempo, que fuertes y solidarios también. La verdad es que me siento un poco triste. Por la gente. Por sus vidas. Por sus puestos de trabajo. Por sus sueños y esperanzas arrinconadas. Y, fijaos, que digo, arrinconadas. Porque, en el fondo de mi corazón, no me abandona la esperanza. De volver a abrazar. De sonreir. De acariciar con respeto. De soñar con un futuro que no nos controle, sinó que le controlemos a él.

Y, mientras tanto, me encantaría escribirle a las almas que en estos días de confinamento se sienten más atrapadas. Donde, las cuatro paredes que las protegen, también silencian su drama. Es, para ellas, mi poesía. Para que se sientan reflejadas y comprendidas. Aunque a mí, personalmente, no me gusta banalizar ni ser muy explícita. Aunque, a veces, se me va la mano. Un abrazo para todas ellas.

Hoy, voy a hablaros de Ella. Me da paz cuando se adormece sobre mi pecho. Y me arruya sin darse cuenta. Algún día lloraré su pérdida.

*****

Un día te soñé…

Pero aún no habías nacido…

Aún…no habías rozado mi corazón…

Con tu hocico de azabache, con tu pelo de humo, con tu mirada de princesa destronada.

Y, de pronto, surgiste, con tus andares titubeantes, con tus ojos cerúleos.

Y…me enamoré de ti.

De tu ronronear cotidiano, de tu parpadeo infantil, de tus uñas enjaezadas, de tu corazón de animal herido, de tus sueños de gata olvidada,

Y…te hallé. Bajo la tormenta, en el suelo inhóspito, ahogándote en un charco helado.

Y viniste a mí y comenzamos a amarnos, como el sol ama a las estrellas, y las estrellas aman a la luna y la luna a los hombres y los hombres al cielo…

Y reímos y lloramos juntas, como madre e hija, soñando con los nietos que vendrán.

Con sus sueños diminutos, con sus maullidos de cristal, con sus patitas de membrillo, con sus ojos de gaviota viajera…

Y sus corazones de polizontes desaliñados…

Y las margaritas se enternecen…

En Mi planta de naranja lima, del escritor José Mauro de Vasconcelos he encontrado, como lector, una dosis de sensibilidad y de ternura difícil de catalogar. Me he sentido parte de la novela, al lado de Zezé, el muchachito brasileño de cinco años protagonista de esta historia de valor humano incalculable.

El autor se inflama de la magia de un niño que arrebata los corazones con su sabiduría infantil, sus travesuras grandilocuentes y su espíritu soñador. Un drama difícil de sobrellevar, sobre todo en los momentos en que te identificas con él. No en vano sus alegrías son tus alegrías y sus congojas son tus congojas. Te sientes presa de esa atmósfera que te arrastra a vivir en una montaña rusa de sentimientos que te conducen a donde el dolor cobra verdadero protagonismo.

Las lágrimas y las sonrisas asoman a tu rostro en un vaivén incontrolable. El dolor y la alegría se dan la mano en esta historia llena de emoción y de desdicha. Una alternancia que pone a prueba los corazones de las almas que algún día atravesaron, como Zezé, los caminos de la incomprensión y los malos tratos. Un relato sobrecogedor que a nadie deja indiferente.

África Leal.

***

Alguien soñó mis pesadillas carmesí.

Alguien gritó mis lamentos al viento que estrangula.

Alguien desvistió su cuerpo ante la serpiente ponzoñosa.

Alguien arañó su rostro entre las zarzas de cristal.

Alguien ahogó su voz entre las palabras inconexas.

Alguien se está muriendo, mientras sueña que el mundo, ingrato, se arrepienta.

                                                                                                                            África Leal

Y las margaritas se agazapan…

A veces, cuando estoy triste y asustada e incluso cuando estoy contenta y agradecida, me refugio en mi habitación y, como una niña pequeña, me escondo bajo las sábanas. Siento como mi cuerpo se viste con la ropa que tiene el misterioso poder de relativizar los problemas que atenazan mi alma.

En mi refugio sutil rezo a los Dioses de todos los seres, a los que existen y quizá también a los inventados; allí lloro mis penas, allí alivio mis pesares y también en ocasiones me congratulo con mi buena fortuna.

Un viejo cuadro de Leonardo, que siempre me acompaña, me ayuda tímidamente a hacer las paces con mi madre. Y una camiseta de mi hija enroscada en mi cuello me hace las veces de abrazo.

Verdaderamente soy una persona afortunada por poseer un hogar que me proporciona paz y alegría. Por desgracia no todo el mundo puede decir lo mismo. Así que haré una respiración profunda y comenzaré a caminar porque el futuro, muchas veces, es de los que lo viven con alegría.

***

La niña carmesí es luna hostil,

como los ángeles caídos

sobre un campo de orquídeas rojas.

Duerme errático, capullo de marfil,

vuela frente al horizonte púrpura.

No te desveles en la noche pretérita.

Sueña que las sombras se hacen luz.

Que la lluvia se torna crisálida.

África Leal

 

Y las margaritas hacen balance…

Como ya os he contado, después de una conversación con mi marido y mi hija, siento que los he vuelto a descubrir. En esa conversación hablaron los sentimientos que hasta el momento se hallaban mudos, hundidos en una especie de cárcel en la que la mala suerte los había hospedado.

Esa noche los segundos se congelaron en nuestra casa, nuestros corazones se descubrieron y, de nuevo, los secretos fueron desterrados. Cada uno de nosotros mostró lo que le afligía y descubrió lo que no conocía del otro, Se habló también de lo que debía corregirse en la relación para no caer en errores antiguos que, en vez de beneficiarnos como familia, nos ahogaban llevándonos a la destrucción.

Decidimos escucharnos, querernos y, sobre todo, darnos una nueva oportunidad. Así lo venimos haciendo desde aquel día y creo que, al menos en lo básico, hemos acertado. Desde luego, el esfuerzo valió la pena y nuestro amor por la familia hizo el resto.

En lo que respecta a mi hija, la separación física era inevitable debido a sus estudios, de hecho se tiene que ir a otra comunidad. Los primeros días fueron difíciles, pero espero irme acostumbrando. El hecho de haber hablado con ella y dejar mi alma al descubierto fue básico para ambas. Me he quedado con la sensación de que todo es más transparente entre nosotras y eso ayuda sobremanera. Antes necesitaba imperiosamente el acercamiento físico, los abrazos, los besos, el decirle continuamente cuanto la quería… Ahora ya no sufro de igual manera, pues ya les expliqué lo importantes que eran para mí, tanto ella como su padre.

Ya no siento esa necesidad desquiciante de mimarla. Ahora me siento tranquila y relajada a su lado, igual que al de mi marido. Si tengo algo que objetar lo hablo y entre nosotros intentamos arreglarlo.

Cierto es que la casa está vacía sin nuestra hija, pero me tranquiliza profundamente el saber que, por ahora, está viviendo conforme a sus gustos y a sus principios. Es feliz con lo que hace y eso tiene que servirme de consuelo cuando la echo en falta. Ante todo, la quiero y la respeto por como es y por como piensa. Me siento muy orgullosa de ella y le deseo fortuna en todo lo que se proponga.

Aunque hay cosas en las que todavía disiento y que a veces me hacen dudar, puedo afirmar que también me siento orgullosa de mi marido. Es verdad que no siempre estoy de acuerdo con él y eso a veces me entristece, pero luego él me compensa gratamente y hace que intente comprenderlo y pensar que todos tenemos derecho a disentir y a equivocarnos.

Puedo deciros otra vez, y perdonad la insistencia, que mi familia ha vuelto a nacer. Por eso es imprescindible que la tratemos como un niño en pañales dedicándole atención y mimo. Estoy segura que, con nuestro empeño y asesorados por los profesionales, llegaremos, con fortuna, a buen puerto.

***

Rosas tempranas son sacrificadas

bajo el sol que las alimenta.

Un murmullo frenético de cascadas

enmudecen el bosque de enebros.

Gacelas azules se agazapan entre los árboles

para,luego, saltar impertinentes.

Un lazarillo juega al trompo

a la puerta de una escuela.

La tormenta se estrecha

en el cielo curvilíneo.

Un rayo audaz

le devolvió la mirada al ciego,

que humildemente guiaba

el joven huérfano.

Un pensamiento se quedó cautivo

en el aire.

Nadie lo echó de menos.

África Leal

Y las margaritas sueñan con Zenda

Sinfonía letal

Yacer inerte a la orilla del camino.

Nadie pareció objetar la indiferencia.

Una mariposa hostil grabó sus patas en tus ojos doloridos.

Ya no canta la cigüeña en su flamante nido.

¡Qué no sabrán las vestales cuando bailan cohibidas!

Un hechizo de luna salvó tu playa

del huracán que amenazaba

el fuego que prendiste en la arena

para secuestrar tu miedo.

Un pez saltó en la olla y se ahogó incrédulo.

***

Inocencia letárgica

Una bailarina de marfil

duerme nostálgica

dentro de una caja

de pétalos transparentes.

Un niño triste

pinta cada pétalo

con una lágrima de cartón.

Volutas mágicas mecen

las dos almas vagabundas.

Una vaguedad insípida

entrelaza sus cuerpos maltratados.

Necesito una caja más grande

para enterrar al niño vivo.

Sospecho un atardecer de violetas muertas.

África Leal

Y las margaritas lucharon…

Quizás, todavía no me ha llegado el momento de tomar conciencia de todo lo bueno que poseo. Posiblemente se deba a que hay cosas en mi vida que no me convencen. Aún así, hay algo dentro de mi cabeza que no me deja sucumbir ante los malos momentos, ante las situaciones frustrantes. Así que, ajusto mis pies con decisión en el suelo, y me lanzo al vacío con mis temores, mis desvelos y mis fracasos. Me dirijo firmemente hacia el sol, y me fundo con su luz en un esfuerzo infinito por aclarar todo lo turbio que me rodea. He de confesaros que he tenido un bajón y, que temí perder a mi familia. La verdad es que ya me encuentro muchísimo mejor.

Todo ocurre, a veces, muy de repente. Un día, una terapeuta te enfrenta a un espejo imaginario y hace que veas en él el reflejo de tu vida sin la máscara a la que estabas acostumbrada. Un golpe brutal, pero por fortuna, certero. De tal forma que me hizo reaccionar como una deportista que tiene que conquistar la preciada meta.

Nadie en mi casa era consciente de que la carcoma se había instaurado en el cerne de nuestra relación, sólo mis terapeutas y yo. Por eso me asomé a la pista de salida, agarré a mi hija y a mi marido fuertemente, y sin dejarlos atrás, los arrastré conmigo hacia un nuevo horizonte. Aprendí que con tesón y voluntad se consiguen muchas cosas, incluso franquear puertas que a priori parecen infranqueables. Ahora estoy llena de esperanza, asegurándome de que con el esfuerzo de los tres podremos acariciar el arco iris siempre que lo necesitemos y dar color a nuestras vidas cada vez que un halo de oscuridad pretenda destruirlas. Quizás mis años de experiencia entre psicólogos y psiquiatras, quizás lo que haya podido aprender a lo largo de toda mi vida con mi familia, o las ganas de poseer un futuro mejor, un mundo diferente al de mí infancia, me hayan hecho luchar de nuevo como una leona, tal como ya hice en otras épocas de mi azarosa existencia.

Debido a esta situación dejé un poco de lado el blog, ahora lo estoy retomando otra vez.

Siento que, de nuevo, la vida nos da otra oportunidad. Estoy segura de que sabremos aprovecharla. Por ello, llena de esperanza, y arropada por el destino que me favorece, camino confiada.

***

Yacer inerte a la orilla del camino.

Nadie pareció objetar la indiferencia.

Una mariposa hostil grabó sus patas en tus ojos doloridos.

Ya no canta la cigüeña en su flamante nido.

¡Qué no sabrán las vestales cuando bailan cohibidas!

Un hechizo de luna salvó tu playa

del huracán que amenazaba

el fuego que prendiste en la arena

para secuestrar tu miedo.

Un pez saltó en la olla y se ahogó incrédulo.

África Leal

Y las margaritas susurran al amor…

Siempre he pensado que el amor era la mejor herramienta que tiene el ser humano para conducirse juiciosamente por la vida. Creo que todo lo que se haga por este sentimiento honesto y sincero deja de ser maligno y ruin por definición.

El mestizaje, la comunión con otros pueblos y culturas, con otros sexos y razas, con unas religiones u otras, siempre que esté aderezado con esta valiosa palabra de cuatro sencillas letras es, creo yo, una de las realidades más valiosas con las que me topé en mi vida.

Bien es cierto que a veces se gestionan cosas por amor que llevan a equivocaciones y desengaños. Es normal, pues no todo el mundo valora de la misma manera los sentimientos ni las distintas opciones que nos ofrece la vida.

De todas formas la escucha, la diplomacia, el diálogo, la empatía, y sobre todo el saber ponerse en el lugar del que tienes enfrente ayuda poderosamente.

Debemos aprender a elevarnos por encima de las razones que nos diferencian y congratularnos con las que nos unen. Si consiguiéramos crear un vínculo imperecedero entre todos, no existiría tanta injusticia, tanto estigma, tanta incomprensión. Toleraríamos al de enfrente de la misma manera que lo hacemos con nosotros. También creo que amar, respetar y comprender lo ajeno pasa por amarnos, respetarnos y perdonarnos, primero, a nosotros. Si uno no se siente bien consigo mismo difícilmente lo hará con los demás. En mi caso, como enferma, quiero que me amen y me respeten en la diferencia, que es lo que me propongo hacer yo con mis semejantes todos los días al levantarme.

Básicamente por la enfermedad, aunque  también por la economía, me encuentro limitada para hacer una de las cosas que más me gusta: viajar. Ver y sentir a través de la gente honesta que puebla la tierra me fascina enormemente. Zambullirme en otros paisajes, en otras culturas me subyuga. Por eso escojo lecturas sobre países lejanos; es muy raro que lea sobre la sociedad que tengo más próxima, pues , como siempre, lo diferente me atrae.

En los últimos tiempos me siento triste, profundamente triste, pues, aunque ya de por sí eran realidades duras, en estos momentos lo son más, sobre todo en algunas regiones del mundo. Por mucho que sueñe, para muchos ya nunca habrá finales felices, ni esperanzas literarias. La realidad se ha vuelto demasiado cruel y desdichada y mi corazón llora con ellos. Su guerra es mi guerra, su éxodo es mi éxodo. La no aceptación del resto del mundo de esta realidad tan flagrante me hace sentir sucia y culpable. Sólo me queda la esperanza de que me aparezcan las fuerzas suficientes para enfrentar esta barbarie y ayudar en lo que me sea posible, por lo menos como hice antaño. Deseo que las fuerzas acudan prontas a mí, de lo contrario, nunca me lo podré perdonar. Necesito encontrar el equilibrio, el respeto y la confianza que da el saber que, ante todo, somos hermanos. Ojalá la diferencia no nos separe, que como poco, nos haga curiosos.

***

Dame tu mano amigo

necesito caminar a tu lado.

Sonríeme un poco, suavemente,

y siente la ternura de mi rostro

sobre el tuyo también liviano.

Deja que tu brazo me temple

y desate en mí

los sueños y las esperanzas.

No quiero más sogas

que quebranten y asfixien

mi alma.

Libérame compañero

y arranca mi yugo de espadas.

 

África Leal